
Bastante tribuna se le está dando hoy en día —sobre todo en algunos programas televisivos que no vale la pena mencionar— al inesperado auge que están teniendo las tan llamadas "tribus urbanas". Punkemones, emolais, cibervisuals, chocopandas, metalemos, crispygrills y pokeflaites abundan y pululan por nuestras nuestras calles, cual raza extraterrestre empeñada en conquistar nuestro planeta.
Muchos de ellos, con mucha honra y orgullo, argumentan pertenecer a dichos grupos sociales en pos de desarrollar su personalidad individualista y como una manera de diferenciarse del montón y/o rebelarse contra el sistema imperante.
Entre estos grupos vale la pena mencionar a los "pokemones" —que de Pikachu y sus amigos distan bastante— quienes noche tras noche hacen de las suyas expresándose a través de sus ponceos y sobajeos. Usted, ilustrado lector, se habrá dado cuenta que estos especímenes se alejan notoriamente de los tradicionales cánones de belleza a los que estamos felizmente acostumbrados, y como consecuencia surge la pregunta: ¿Son los pokemones el resultado evolutivo de la libertad de expresión del ciudadano sigloveintiunesco o sólo un pretexto para esconder una apariencia de australopithecus?.
Digamos las cosas como son: jamás veremos una pokemona con cara de Scarlett Johansson o con cuerpo de Maria Sharapova, y en este sentido me doy la licencia para ser categórico: si eres pokemona es porque o eres fea y guatona, ninguna persona considerada como normal te pesca o todas las anteriores.
Sad but true.
